Consumo interno: motor de la economia

Vivimos en una economía global. Lo que sucede en un país repercute en todo el mundo, ya sea por sus implicaciones bursátiles, o por la manera en que incide en los planes de inversión directa de los capitales de todos tamaños. Vivimos interconectados económicamente y es improbable que eso cambie en el futuro.

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Sin embargo, existe una variable fundamental que a veces se soslaya entre los datos de la volatilidad mundial: el consumo interno.

Cuando se quiere salir de un bache económico motivado por los ires y venires de la situación mundial, debe incentivarse el consumo interno. No se trata de gastar lo que no se tiene y por supuesto, tampoco, de actuar de manera proteccionista evitando el consumo de productos del exterior, sino -precisamente- de darle circulación a lo existente.

Si una nación está acostumbrada a producir para exportar, una crisis global la puede dejar con la producción estancada y sin ingreso de divisas. Esto podría traducirse en una espiral descendente si no se tiene un consumo interno fuerte o -dada la circunstancia- no se reactiva con prontitud, independientemente de los productos externos que se consuman.

En momentos así, el ahorro no es la única opción. En tiempos de crisis, sólo guardar el dinero estanca las economías. Hay que planear, sí, y hay que tratar siempre de tener con qué hacer frente a la emergencias. Pero nunca dejar que se interrumpa el flujo natural del capital, que es lo que mantiene, recupera y da vida a las economías nacionales.

Un ejercicio responsable del crédito también entra en lo que el consumo interno puede hacer para no sólo colaborar a resolver la problemática, sino para ayudar a reactivar la economía.

Cuando consumimos los bienes y productos nacionales, el capital que estaba en nuestro poder, pasa a manos de los comerciantes, productores y prestadores de servicios. Con esa entrada de recursos, estos agentes económicos podrán a su vez cubrir sus obligaciones (entre las que se encuentran el sueldo de sus empleados y los pagos a sus proveedores) y éstos podrán hacer lo propio como productores y también como consumidores.

Si se puede usar y mantener sana una línea de crédito, no hay razón para temer usarla. Al contrario, podría ser una excelente manera de apoyar el desarrollo nacional.

Sin llegar a extremos proteccionistas, cuando nuestra economía resiente un embate del exterior, lo mejor que podemos hacer es consumir lo que nosotros mismos producimos, dejar que el capital nacional circule para que, si no es posible crecer, logremos mantener estable la economía interna.

Finalmente, el consumo interno se traduce en la permanencia de nuestros propios empleos y formas de vida, los que más nos importan.

El consumo interno es uno de los primeros pasos hacia la salud económica.

En pocas palabras, el consumo interno es esencial para la economía nacional.

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